viernes, 28 de marzo de 2014

Pensamiento de San Agustín V

“Y ahora, ¡qué gloria la suya, la de haber ascendido al cielo, la de estar sentado a la derecha del Padre! Pero esto no lo vemos, como tampoco lo vimos colgar del madero, ni fuimos testigos de su resurrección del sepulcro. Todo esto lo creemos, lo vemos con los ojos del corazón. Hemos sido alabados por haber creído sin haber visto. A Cristo lo vieron también los judíos. Nada tiene de grande ver a Cristo con los ojos de la carne; lo grandioso es creer en Cristo con los ojos del corazón” (Sermón 263, 3).

jueves, 27 de marzo de 2014

Homilía del Santo Padre Francisco en Santa Marta

"Cristianos sin maquillaje"


El cristiano que piensa que puede salvarse por sí solo «es un hipócrita», un «cristiano maquillado». La Cuaresma es el tiempo propicio para cambiar de vida y acercarse a Jesús pidiendo perdón, arrepentidos y dispuestos a testimoniar su luz ocupándose de los necesitados. Una nueva reflexión cuaresmal propuso el Papa Francisco el martes 18 de marzo en la misa celebrada en Santa Marta.

«Esto es la Cuaresma —así, en efecto, introdujo la homilía—, es un tiempo para acercarnos más al Señor». Por lo demás, explicó, lo dice la palabra misma, ya que Cuaresma significa conversión. Y precisamente con una invitación a la conversión, destacó refiriéndose al pasaje de Isaías (1, 10.16-20), «comienza la primera lectura de hoy. El Señor, en efecto, llama a la conversión; y curiosamente llama a dos ciudades pecadoras», Sodoma y Gomorra, a las que dirige la invitación: «Convertíos, cambiad de vida, acercaos al Señor». Esta, explicó, «es la invitación de la Cuaresma: son cuarenta días para acercarnos al Señor, para estar más cerca de Él. Porque todos nosotros necesitamos cambiar la vida». Y es inútil decir: «Pero, padre, yo no soy tan pecador...», porque «todos tenemos dentro alguna cosa y si miramos en nuestra alma encontraremos alguna cosa que no funciona, todos».

La Cuaresma, por lo tanto, «nos invita a ajustar, a acomodar nuestra vida» indicó el Pontífice. Es precisamente esto lo que nos permite acercarnos al Señor.

Al respecto, el Papa citó una vez más las palabras de la primera lectura: «Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve». Y continuó: «“Yo te cambio el alma”: esto nos dice Jesús. ¿Y qué nos pide? Que nos acerquemos. Que nos acerquemos a Él. Dios es Padre; nos espera para perdonarnos. Y nos da un consejo: “No seáis como los hipócritas”». Para explicarlo, el Papa Francisco luego hizo referencia al pasaje del Evangelio de Mateo (23, 1-12) poco antes proclamado: «Lo hemos leído en el Evangelio: este tipo de acercamiento el Señor no lo quiere. Él quiere un acercamiento sincero, auténtico. En cambio, ¿qué hacen los hipócritas? Se maquillan. Se maquillan de buenos. Ponen cara de estampa, rezan mirando al cielo, haciéndose ver, se sienten más justos que los demás, despreciando a los demás». Y presumen de ser buenos católicos porque tienen conocidos entre bienhechores, obispos y cardenales.

«Esto es la hipocresía —destacó—. Y el Señor dice no», porque nadie debe sentirse justo por su juicio personal. «Todos necesitamos ser justificados —repitió el obispo de Roma— y el único que nos justifica es Jesucristo. Por ello debemos acercarnos: para no ser cristianos maquillados». Cuando la apariencia se desvanece «se ve la realidad y éstos no son cristianos. ¿Cuál es la piedra de toque? Lo dice el Señor mismo en la primera lectura: “Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien”». Esta, repitió, es la invitación.

Pero, «¿cuál es la señal de que estamos en el buen camino? Lo dice la Escritura: socorrer al oprimido, cuidar al prójimo, al enfermo, al pobre, a quien tiene necesidad, al ignorante. Esta es la piedra de toque». Y aún más: «Los hipócritas no pueden hacer esto, porque están tan llenos de sí mismos que son ciegos para mirar a los demás». Pero «cuando uno camina un poco y se acerca al Señor, la luz del Padre hace ver estas cosas y va a ayudar a los hermanos. Este es el signo de la conversión».

Cierto, añadió, esta «no es toda la conversión; porque la conversión —explicó— es el encuentro con Jesucristo. Pero la señal de que estamos con Jesús es precisamente esta: atender a los hermanos, a los pobres, a los enfermos como el Señor nos enseña en el Evangelio».

Por lo tanto, la Cuaresma sirve para «cambiar nuestra vida, para ajustar la vida, para acercarnos al Señor». Mientras que la hipocresía es «el signo de que estamos lejos del Señor». El hipócrita «se salva por sí mismo, al menos así piensa», continuó el Santo Padre. Así, la conclusión: «Que el Señor nos dé a todos luz y valor: luz para conocer lo que sucede dentro de nosotros y valor para convertirnos, para acercarnos al Señor. Es hermoso estar cerca del Señor»


Misa matutina en la Capilla de la Domus Sanctae Martahe
Martes 18 de marzo de 2014

martes, 25 de marzo de 2014

Pensamiento de San Agustín IV

“Procura ser justo, y por mucho que logres serlo, confiésate pecador; confía siempre en la misericordia, y apoyado en esta humilde confesión, dirígete a tu alma que te turba y que se alborota contra ti. ¿Por qué estás triste, alma mía, y por qué me turbas? Quizá querías esperar en ti. No, en ti no lo hagas. ¿Qué hay en ti? ¿Qué eres por ti mismo? Sea tu médico, el que asumió tus heridas por ti. Espera en Dios, dice, que voy a alabarlo. ¿Y qué confesarás en tu alabanza? Salud de mi rostro, Dios mío. Tú eres la salud de mi rostro, tú me has de sanar. Te hablo yo, el enfermo; conozco al médico,  no me glorío de estar sano” (Comentario al salmo 42, 7).

domingo, 23 de marzo de 2014

III Domingo de Cuaresma

Hoy escuchamos en el Evangelio el encuentro de Jesús con la Samaritana en que, cansado se sienta en el pozo y le dice: "Mujer, dame de beber" Estas palabras conectan directamente con aquellas otras que pronuncia Cristo en el Calvario: "Tengo sed" Pero, ¿cuál es su verdadero significado?

Cristo siente necesidad de amarnos. Quiere entrar en nuestro corazón y nos lo dice hoy a cada uno de nosotros. "Déjame amarte; déjame entrar en tu corazón; ya sé que estás lleno de debilidades, miedos, inseguridades, pecados, limitaciones.... pero quiero amarte, quiero entrar en ti y llenarte de mí" ¡Qué maravilla! La cruz es la materialización de esta necesidad de amar. Cristo nos ama; y nos amó hasta el extremo entregando su vida en la cruz.

En el salmo decimos: "Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón" Dios nos habla siempre; y siempre está a nuestro lado. Pero tenemos endurecido el corazón, y no podemos escucharle. La invitación que nos hace el Señor este domingo es doble: "Quiero entrar en ti vida y llenarte de mi amor; pero tú tienes que dejarme entrar abriendo tu corazón"

Esta noche, cuando guardemos un último momento de oración antes de dormir tenemos que decirle al Señor: Padre, me dejo amar por ti porque necesito de tu amor. Te abro las puertas de mi corazón y me ofrezco entero a ti. Ya sabes cómo soy y me entrego a ti tal cual soy, para que me llenes de ti; porque sólo tu puedes darme palabras de vida eterna.

Nos encomendamos para ello a nuestra madre, la Virgen María. Ella abrió su corazón de par en par al Padre. Ella, la llena de Gracia ,dejó entrar a Dios en su vida desde el principio sin condiciones: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra"


jueves, 20 de marzo de 2014

Pensamiento de San Agustín III

“Hermanos: con gran interés suelen escucharse las últimas palabras de un padre que está a punto de ir al sepulcro; ¿y van a ser despreciadas las últimas palabras del Señor antes de subir al cielo? Supongamos que nuestro Señor dejó un testamento escrito y que en ese testamento están sus últimas palabras. Previó, en efecto, las futuras disputas de sus malos hijos, previó a los hombres que intentarían hacer parcela propia lo que era posesión de otro. ¿Por qué no dividir entre sí lo que no compraron? ¿Por qué no romper aquello por lo que nada pagaron? Pero él no quiso que se dividiera la túnica inconsútil tejida de abajo arriba; recurrió al sorteo. En aquella prenda de vestir está simbolizada la unidad; en ella está anunciada la caridad: es ella misma, tejida de arriba abajo” (Sermón 265, 7).

martes, 18 de marzo de 2014

El valor de la verdadera amistad

Anoche mientras guardaba un último momento de oración antes de dormir descubrí un texto maravilloso del Libro del Eclesiástico (6. 5-17) sobre la auténtica amistad.
"Las palabras dulces multiplican los amigos y un lenguaje amable favorece las buenas relaciones. Que sean muchos los que te saludan, pero el que te aconseja, sea uno entre mil. Si ganas un amigo, gánalo en la prueba, y no le des confianza demasiado pronto. Porque hay amigos ocasionales, que dejan de serlo en el día de aflicción.
Hay amigos que se vuelven enemigos, y para avergonzarte, revelan el motivo de la disputa. Hay amigos que comparten tu mesa y dejan de serlo en el día de la aflicción. Mientras te vaya bien, serán como tú mismo y hablarán abiertamente con tus servidores; pero si te va mal, se pondrán contra ti y se esconderán de tu vista."
Hoy día, con las redes sociales y la revolución de internet tenemos 12657 amigos en facebook; 556 seguidores en twitter y otros tantos contactos en tuenti o whatssap. Pero de todos ellos, ¿sabrías distinguir a los amigos de verdad?

El palabro "amigo" proviene del latin amicus que a su vez tiene su origen el el verbo amare, AMAR. Una etimología más poética dice que viene de "animi" (alma) y "custos" (custodia); es decir: el "guarda-alma" por tanto, la verdadera amistad se fundamenta en el amor, en la sinceridad, la protección y la custodia.
El amigo es "como tú mismo", tanto en los momentos alegres como en los tristes. Tu amigo es parte de ti; siempre está ahí; siempre. Es alguien con quien compartes las sonrisas, pero también las lágrimas. De esa relación tan íntima y tan fuerte, fundada en el amor, se desprende lo dicho en el Eclesiástico:
"Un amigo fiel es un refugio seguro: el que lo encuentra ha encontrado un tesoro. Un amigo fiel no tiene precio, no hay manera de estimar su valor. Un amigo fiel es un bálsamo de vida, que encuentran los que temen al Señor. El que teme al Señor encamina bien su amistad, porque como es él, así también será su amigo". 
Cuidemos a nuestros verdaderos amigos. Tenemos que darles todo nuestro corazón igual que Cristo se dio a los demás. Siempre nos encontraremos con ese pequeño elenco de "amigos ficticios" que más que por el amor se guían por el interés y desaparecen en los momentos más importantes de tu vida. También debes rezar por ellos, porque la oración es la mejor muestra de amor. "Amaos los unos a los otros", nos dice el Señor. Esas personas que de repente desaparecen de tu vida dejan un vacío que Dios se encarga de llenar con su misericordia.

Por tanto, ya tenemos una tarea más para esta Cuaresma (¡y para toda la vida, claro!): cuidar a nuestros verdaderos amigos y amarlos de todo corazón; y hacer igual por los que ya marcharon, rezando por ellos; que el Señor les de la luz necesaria para descubrir el auténtico significado de la amistad.

Pensamiento de San Agustín II

“Por tanto, si pasó cuarenta días con sus discípulos, el que hayan sido precisamente cuarenta obedece a  algo. Podían haber bastado, quizá, veinte o treinta. Los cuarenta días engloban la ordenación de todo este mundo. Ya lo he explicado alguna vez a propósito del número 10 multiplicado por 4. Os lo recuerdo a quienes lo habéis escuchado. El número 10 simboliza toda la sabiduría. Esta sabiduría se ha dispersado por las cuatro partes del mundo, por todo el orbe de la tierra. También el tiempo se divide en cuatro partes; en efecto, el año tiene cuatro estaciones, y el mundo entero cuatro puntos cardinales. Así, pues, 10 multiplicado por 4 da 40. Por eso, el Señor ayunó cuarenta días, mostrándonos que los fieles deben abstenerse de toda corrupción mientras viven en este mundo” (Sermón 264, 5).

lunes, 17 de marzo de 2014

Señor, cuando florece un nuevo día

Señor, cuando florece un nuevo día
en el jardín del tiempo,
no dejes que la espina del pecado
vierta en él su veneno.

El trabajo del hombre rompe el surco
en el campo moreno;
en frutos de bondad y de justicia
convierte sus deseos.

Alivia sus dolores con la hartura
de tu propio alimento;
y que vuelvan al fuego de tu casa
cansados y contentos.

Amén.

(Liturgia de las Horas)

El estilo de vida de Jesús

Del Evangelio según San Lucas: (6. 36-38)

<< Dijo Jesús a sus discípulos: "Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará; os verterán una medida generosa, colmada, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros. >>

Reflexión:

En el Evangelio de este lunes Jesús nos ofrece seguir un estilo de vida totalmente distinto al que impera hoy en nuestra sociedad. Hoy nos enseña una forma de ver la vida que rompe con todos los moldes. ¿Odio, rencores, enfados, prejuicios? Todo eso debe quedar fuera de nosotros.

"Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo" Tenemos que ser misericordiosos. No podemos vivir mirando hacia otro lado cuando nuestros hermanos lo están pasando mal. Basta ya de individualismos y egoísmos. La Cuaresma es tiempo propicio para la compasión y la solidaridad.

"No juzguéis y no seréis juzgados. No condenéis y no seréis condenados" En la sociedad actual todos hemos asumido el papel de juez de lo penal (y eso que es muy difícil acceder a la Carrera Judicial) Nos encanta juzgar y condenar a los demás. Pero, ¿hacemos lo propio con nosotros mismos? Somos nosotros los que tenemos que reflexionar y ver qué hacemos con nuestra vida y cómo tratamos a los demás, para reconocer los errores, pedir perdón y seguir a Cristo.

"Perdonad y seréis perdonados" "Dad y se os dará. Os verterán una medida generosa, abundante, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros"
Perdonar es el verbo más dificil del diccionario. Siempre decimos: perdono pero no olvido. El verdadero perdón es aquel que limpia el corazón de todo rastro de rencor, sanando todas las heridas. Cristo perdonó a los que le crucificaron y entregó su vida para perdonarnos a nosotros. ¿Y no somos capaces de perdonar? ¿De verdad tenemos el corazón tan endurecido?

Durantes estas semanas tenemos que poner en práctica estos consejos y practicar estas virtudes: la misericordia, el perdón, la compasión, la generosidad... Vamos a seguir "la dieta del amor" de Cristo: baja en rencores y rica en amor y esperanza.
Se lo pedimos a la Virgen María, reina de la Esperanza y Madre de la misericordia

domingo, 16 de marzo de 2014

II Domingo de Cuaresma

El Evangelio de este Domingo narra la Transfiguración del Señor ante Santiago, Pedro y Juan. Dice san Mateo que Jesús tomó consigo a estos tres y “subiendo a una montaña alta se transfiguró ante ellos, y sus rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”

La transfiguración de Jesús es el primer anuncio de su glorificación al resucitar de entre los muertos. Pero el Tabor también hace referencia a otro monte que deberá subir Cristo para ser glorificado: el Calvario. No hay gloria sin cruz, ya lo veíamos el domingo pasado.
Si queremos contemplar a Jesús resucitado también debemos subir al Calvario, con fidelidad y entrega. Debemos abrazar con humildad la cruz, gloria de todo cristiano.

En ese momento, los apóstoles oyeron una voz desde el cielo “Este es mi Hijo amado; el predilecto; escuchadle”  La Cuaresma es tiempo de silencio y escucha intensa de la Palabra de Dios.
Durante estas semanas debemos mantener un clima propicio de oración, es decir, de diálogo con el Señor. La oración no sólo debe consistir en pedir y dar gracias al Señor porque Él ya sabe lo que anhela nuestro corazón. Orar también significa escuchar en el silencio lo que Dios nos dice.

Vamos a aprovechar este tiempo de esperanza para abrir nuestro corazón a la misericordia y la Palabra de Dios. Leamos con serenidad el Evangelio, esas maravillosas “cartas de amor de nuestro Amor” Porque Cristo está enamorado de nosotros y nosotros, lo estamos de Él.
Que María Santísima, que “guardaba todas las cosas en su corazón” nos ayude a escuchar no con los oídos, sino con el corazón, lo que Dios nos dice a cada uno de nosotros.

Pensamiento de San Agustín

“El, que ha de venir a juzgar a vivos y a muertos, no temió morir a causa de falsos testigos, por sentencia de un juez; no temió morir en la ignominia de la cruz, para librar a todos los creyentes de cualquier otra ignominia. Por tanto, se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Con todo, es igual a Dios por naturaleza; fuerte en el vigor de su majestad, y débil por compasión a la humanidad; fuerte para crear todo, y débil para recrearlo de nuevo”  (Sermón 264, 3).

viernes, 14 de marzo de 2014

No me mueve mi Dios para quererte

No me mueve, mi Dios, para quererte
 el cielo que me tienes prometido;
 ni me mueve el infierno tan temido
 para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
 clavado en esa cruz y escarnecido;
 muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
 muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera,
 que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
 y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiere,
 pues, aunque lo que espero no esperara,
 lo mismo que te quiero te quisiera.
Amén.

miércoles, 12 de marzo de 2014

En esta tarde, Cristo del Calvario

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mi todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.

Amén

(Himno de la Liturgia de las Horas)

lunes, 10 de marzo de 2014

I Domingo de Cuaresma

Este primer Domingo de Cuaresma, la Palabra del Señor (Mt 4. 1-11) nos recuerda el momento en que Jesús es tentado por el diablo. Dice San Mateo que Jesús fue "llevado por el Espíritu Santo al desierto para que lo tentara el diablo" En nuestra relación con el Padre, la iniciativa siempre es de Dios. Dios es quien nos llama. Dios es quien nos anima a seguir adelante. Dios es quien decide hacernos hijos suyos. Y es Dios quien decide, por su propia voluntad, hacerse hombre y entregar la vida por nosotros. En nuestra vida, lo realmente importante no es lo que hagamos sino que dejemos que Dios haga. Somos hechos por Dios. Tenemos que vivir dejándonos llevar por el Espíritu Santo, igual que Jesús - no fue sino que- fue llevado al desierto.

La oración del Padrenuestro dice "No nos dejes caer en la tentación". En efecto. La tentación en sí no es mala. Lo perjudicial es caer en ella. En sí, es una oportunidad para decir sí a Dios. "Señor, te elijo a tí; creo en ti" Hemos de decirle al Señor sí cada día, cada hora, cada segundo. Las numerosas tentaciones que se presentan en nuestra vida constituyen nuevas ocasiones para elegir a Dios en las más diversas circunstancias. Aquí se encuentra el elemento positivo de la tentación: la elección de Dios; el hacer su voluntad.

El ayuno que vive Cristo durante 40 días representa los innumerables momentos de debilidad que vive el hombre. Si por algo nos caracterizamos es por nuestra fragilidad; por nuestra debilidad. Pero ya lo dice San Pablo: "En mi debilidad encuentro mi fortaleza" Son en esas ocasiones cuando el tentador se hace presente.

La primera tentación es la de vivir como si Dios no existiera. "¿Para qué voy a rezar, si yo me las apaño solo perfectamente?"; "yo puedo solo sin necesidad de nadie"... Todos nos necesitamos los unos a los otros. Y sobre todo, siempre necesitamos a Dios. No podemos resolver toda nuestra vida por nosotros mismos ni vivir ajenos a la voluntad de Dios. El hombre siempre está necesitado de Dios. San Agustín lo expresó con sencillez en las Confesiones: "Señor, nos has hecho para ti, y mi corazón permanecerá inquieto hasta que descanse en ti"

La segunda tentación es la de vivir como si mi libertad no existiera. "Como Dios es todopoderoso y yo me tengo que dejar llevar por Él... voy a quedarme aquí sentado a que transforme mi vida" ERROR. Dios nos hizo libres, a su imagen y semejanza. Pero el secreto de esta libertad regalada está en que debemos usarla para hacer la voluntad de Dios. El Señor no nos lleva atados a una correa como a las mascotas, ni con cuerdas como las marionetas. Dios nos ha regalado la libertad para seguir un camino sin olvidar que Dios va junto a nosotros. Lo importante es recorrer el camino enfrentándonos a los obstáculos y trabajando para cumplir la voluntad de Dios. Y en aquellos momentos de debilidad, mirar hacia atrás y ver que Dios nos da fuerzas renovadas para seguir adelante.

Finalmente la tercera tentación es la de buscar atajos. "Vamos a ser cristianos light, cogiendo migajas del Evangelio (las que nos convienen). El Evangelio no es un menú. Cristo nos lo recuerda con su ejemplo. No hay gloria sin cruz. Ser cristiano significa vivir esforzándonos por ser mejores y no buscando atajos que no llevan a ninguna parte. El verdadero testigo de Cristo lo es en las cumbres, pero también a la hora de abrazar la cruz.

Vivamos este periodo de Cuaresma con la mirada puesta en la Cruz. El Señor nos llama también al Calvario para acompañarle y nos invita a cargar con la cruz. No miremos a otro lado y afrontemos la vida con la seguridad de que Dios está con nosotros. Oremos a la Virgen María para que nos aliente e ilumine en este tiempo de gracia.

El camino de la Cuaresma

Señor, que llegas hasta el fondo de mis entrañas,

no me juzgues por mis continuos errores,
porque mi voluntad es como el cristal más frágil,
y no alcanzo a obrar el bien que tú esperas de mi.

Júzgame según tu amor de Padre.
Ilumíname con la luz de tu mirada
hasta poner al descubierto
el mal que me hace daño y yo ignoro.

Limpia mis pensamientos y deseos,
turbios, a veces, como agua estancada.
Ayúdame a usar mi libertad
y a vivir fiel a tu amistad que nunca falla.

Por más que maquille mi propia imagen, 
soy una criatura humana torpe e indefensa 
que reconoce sus límites y pobreza radical,
como un niño que no alcanza al timbre de su casa.

Dame, Señor, vocación de caminante
para no acostumbrarme a la comodidad
y un corazón nuevo que sepa amar, 
porque el amor es tanto, que sin amor no hay nada.

Ayúdame a llevar el timón de mi vida
para no caer en la tentación de ninguna esclavitud.
Tú sabes bien que, aunque criatura salida de tus manos,
soy de barro frágil que se quiebra al primer golpe. 

jueves, 6 de marzo de 2014

Calendario de Cuaresma


Cuaresma: tiempo de esperanza



Con la celebración de la imposición de la ceniza, la Iglesia da comienzo al tiempo de Cuaresma, de marcado carácter penitencial. Sin embargo no debemos olvidar que este camino también se caracteriza por la esperanza ya que nuestra mirada siempre debe estar dirigida a la cruz, símbolo de la salvación humana. 

“¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! /Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja,/ en flor y en fruto. ¡Dulces clavos!/ ¡Dulce árbol donde la Vida empieza /con un peso tan dulce en corteza!”
La ceniza que nos imponen, adquiere un significado de humildad y penitencia. Es una invitación a la conversión, a quemar el “hombre viejo” y llenarnos de Dios. Efectivamente, la Cuaresma comienza con la ceniza y termina, en la Vigilia Pascual con el fuego, el agua y la luz. Algo debe quemarse en nosotros para llenarnos de la vida pascual de Cristo. 

El evangelio que escuchamos en la Eucaristía (Mt 6, 1-6. 16.18) nos ofrece unas breves instrucciones o consejos para vivir plenamente estas semanas previas al Triduo Pascual. 
En primer lugar, Jesús dice: “Cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha; así tu limosna quedará en secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” 

No debemos entender la limosna exclusivamente en sentido material o económico. Más bien hace referencia a la relación que mantenemos con los demás. ¿Me preocupo de los más necesitados?, ¿los ayudo materialmente? Y lo más importante: ¿les ayudo espiritualmente? En ocasiones la pobreza no es material sino espiritual. La Cuaresma es un momento propicio para acercar la luz de Cristo a todos aquellos que viven esa soledad espiritual que todos hemos experimentado alguna vez. Este vacío interior sólo lo llena Dios. 

De nuevo, Jesús dijo: “Cuando reces, entra en tu habitación, cierra a la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” 
¿Cómo es mi relación con Dios? ¿Escucho la Palabra de Dios o simplemente repito una cantinela de oraciones memorísticas? La vida cristiana se asienta sobre tres pilares fundamentales: el encuentro con Cristo-Eucaristía, el diálogo constante con Dios a través de la oración, y la reconciliación con el Señor a través del sacramento del Perdón. 

Finalmente, dice Mateo: “Jesús volvió a decir: Cuando ayunes, perfúmate la cabeza, y lávate la cara. Que la gente no lo note, sino tu Padre que está en lo escondido. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” 
El ayuno afecta a la relación con nosotros mismos. La Cuaresma es tiempo de reflexión personal; de encuentro tanto con Dios, como con nosotros mismos. El estudiante que suspende un examen, se esfuerza al máximo para aprobar el siguiente y recuperar la nota media. En este mismo planteamiento debe enmarcarse nuestra vida cristiana. Tenemos que descubrir nuestros fallos, nuestras limitaciones, nuestras faltas y acudir a Dios con humildad pidiendo perdón. 
"El hombre se engrandece cuando se arrodilla ante el Señor."
De esta forma, a través de la Reconciliación, quemaremos aquel “hombre viejo” alejado de Dios, abriendo nuestro corazón de par en par a la misericordia del Padre, a la verdadera felicidad. 

Que este tiempo de Cuaresma que comenzamos nos ayude a encontrarnos con Dios, con nosotros mismos y con nuestros hermanos. Se lo pedimos a la Virgen María, madre de Dios y madre nuestra.