viernes, 25 de enero de 2013

Catequesis: dando a conocer a Jesús

Desde el curso pasado, cada viernes voy a la Parroquia de San Lorenzo (Lavapiés) para impartir catequesis a los más pequeños de la zona. La inmensa mayoría proviene de familias desestructuradas con tal cantidad de problemas que apenas les queda tiempo para hablar a sus hijos de Jesús. Este curso estoy encargado de un grupo de siete chicos que harán en mayo la Primera Comunión. Como podréis intuir, la tarea que tengo en mis manos colleva una gran resposabilidad. 
Hoy vamos a tratar dos temas clave para su formación: los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación. Pero, ¿cómo hablarles de esto a unos niños de 9 años? ¿Cómo puedo facilitarles las cosas? Es un tema muy complicado, lo reconozco pero con un ejemplo creo que lo entenderan. 
Todos tenemos conocidos, amigos y "mejores amigos". Una amistad es sólida cuando se fundamenta en el diálogo y el encuentro. Lo mismo que hablamos con los amigos en una cafetería, en casa o en el parque (los más pequeños) también hablamos con Jesús a través de la oración. De igual forma, quedamos con los amigos para ir al cine, a un concierto o a jugar a fútbol. Con Jesús nos encontramos en la Eucaristía. La misa de cada domingo es el encuentro vivo y real con  Cristo. Si descuidamos nuestra cita un domingo tras otro, al final la amistad se va debilitando y apagando lentamente. 
¿Y qué pasa cuando nos peleamos con nuestros amigos? Rápidamente les pedimos perdón porque somos incapaces de vivir sin ellos. Son demasiado importantes como para dejar que se vayan. También ocurre esto con Jesús. Por ello, debemos acudir con frecuencia al sacramento de la Reconciliación para decirle: "Señor, perdóname" y más tarde pedirle ayuda para no distanciarnos de él. 
¡Qué dificil es encerrar en un simple ejemplo un misterio tan grande como el de los sacramentos! Pero estos chicos son inteligentes y tarde o temprano descubrirán la grandeza de la Fe a la luz del Espíritu.
Le pido a Dios que la humilde semilla que plantamos hoy, dé un fruto abundante en el futuro. Que la fe de estos pequeños cada día sea más grande y más fuerte y llene sus vidas de luz y de esperanza.

martes, 22 de enero de 2013

De la oración

Conforme vamos pasando las páginas del Evangelio, iremos descubriendo que la oración tenía un protagonismo fundamental en la vida de Jesús. Cuando se acercan los momentos más importantes -como la elección de los doce, su bautismo o su entrega definitiva en la cruz- Cristo se aleja del grupo y mantiene intensos momentos de oración con el Padre.
Siendo conscientes de la importancia de la oración, sus discípulos se le acercaron y le dijeron: "Señor, enséñanos a orar". Fue entonces cuando Jesús nos regaló la oración del Padrenuestro y unos breves consejos para hacer más profundos esos minutos de diálogo con Dios: "entra en tu habitación, guarda silencio y el Padre te escuchará"
Oración y Fe están directamente correlacionadas; no puede darse la una sin la otra. Por eso, orar es un elemento fundamental sin el cual, la llama de la fe se consume hasta morir. Muchos son los Santos que nos invitan a dedicar unos minutos de nuestra vida a la oración. Un ejemplo sencillo es San Agustín. En sus "Consejos a la Juventud" nos dice:
"Pide para ti y para todos, una mente sana, un espíritu sosegado y una vida llena de paz"
Y más tarde dirá:
"Orar es llamar con el corazón perseverante y lleno de afecto a la puerta de aquel que nos escucha"
La vida de San Agustín es una continua oración. En ella se palpa el verdadero Quaerere Deum; la búsqueda sin descanso de Dios, encontrándolo dentro de sí mismo. En sus Confesiones alabará a Dios diciendo: "Señor, nos has hecho para tí, y nuestro corazón seguirá inquieto hasta que descanse en ti"

Siguiendo los pasos de San Agustín, os animo a guardar unos minutos de nuestra jornada para la oración. Llevamos una vida ajetreada, corriendo de un lado a otro, con el reloj marcando nuestros pasos. ¿Qué mejor ofrenda para Dios?. Pon en sus manos todos tus éxitos, tus alegrías, tus penas, tus inseguridades y tus miedos. Haz igual que sus discípulos y dile: "Señor enséñame a orar" y Él te escuchará porque conoce hasta el último rincón de tu corazón.