jueves, 29 de noviembre de 2012

"Ama y haz lo que quieras"

De nuevo San Agustín vuelve a inspirarme. "Ama y haz lo que quieras" deberían ser las palabras que guiaran nuestro día a día, porque del amor nada malo puede surgir.  Son sólo seis palabras que esconden un trasfondo maravilloso: el amor y la libertad del hombre. 

Dios, en su bondad e inteligencia, no quiso hacer del ser humano una marioneta a la que manejar conforme a sus intereses. Al contrario, hizo al hombre libre para que se desarrollara con plenitud. La libertad es por tanto un elemento fundamental de la dignidad de la persona humana. 

Pero atención: ese "haz lo que quieras" viene precedido del verbo amar. Por tanto, mi libertad se enmarca en el amor a Dios, a los demás y a mí mismo. Se trata de una libertad auténtica que va más allá de egoísmos, ideologías, violencia, prejuicios... Somos realmente libres porque si no actuamos conforme al amor, tarde o temprano acabaremos siendo esclavos del odio, del egoísmo, del pensar en uno mismo... Entonces, el hombre "sería un lobo para el hombre" - citando a Hobbes- porque su actuar no está iluminado por aquellos principios que derivan del amor

Volvamos al principio de la cita de San Agustín: amar es el verbo más citado en esta entrada  y el sentimiento más difícil de definir. En la actualidad creo que esta palabra se ha simplificado en demasía, y ha perdido su esencia.

San Pablo en su Carta a los Corintios dice: "El amor es paciente, es benigno. El amor no tiene envidias, no presume, no se engríe. No es indecoroso ni egoísta; el amor no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia sino que se goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1 Cor 13, 4-7)

Este himno al amor de San Pablo debe estar siempre presente en nuestro corazón. De esta forma, las palabras de San Agustín no pierden su naturaleza ni llevan a equívocos. Ama, sé libre, pero sobre todo ama de verdad.

lunes, 26 de noviembre de 2012

En el silencio de tu habitación...

San Agustín decía: "No salgas fuera, entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior habita la verdad  (La verdadera religión 39, 72)
Vivimos en un mundo en el que el silencio brilla por su ausencia. Los relojes marcan nuestros pasos y el estrés es nuestro compañero de camino. Apenas nos dedicamos unos minutos del día y eso, tarde o temprano, acaba pasando factura. 
Este blog responde a la necesidad de todo ser humano  de dedicarse un tiempo a sí mismo y pensar. Aunque a menudo nos dicen lo contrario, cada uno de nosotros necesita guardar unos minutos del día para reflexionar, tranquilizarse y rencontrarse consigo mismo; también con Dios. 
El silencio debe tener un lugar especial en nuestra agenda. Y si a ese silencio interior añadimos la oración, tendremos todos los ingredientes para descubrir la Verdad con mayúsculas: encontrarnos con Jesús. 
Ese encuentro es muy especial: en la intimidad de una habitación, en el silencio de la Capilla... Siempre alejados del ruido que nos rodea, de las prisas, de los trabajos, los libros y los montones de apuntes. Todo eso sobra cuando hablamos con Jesús. Porque sólo con silencio y recogimiento logramos que ambos corazones se fundan en uno  y que Dios llene por completo nuestras vidas. 
Por eso, guarda unos minutos del día para el silencio; y en la intimidad de ese encuentro, bucea dentro de ti, nada en el océano del corazón y habla con Él. Déjate llevar; ábrete a Jesús y deja que entre en tu vida. Él es la verdad que habita en nuestro interior.