domingo, 17 de agosto de 2014

XX Domingo TO.

"¡Señor, ten compasión de mí!"


Tras unos meses de descanso, emprendemos de nuevo este camino de oración, de reflexión y de encuentro, pidiendo al Señor que nos ayude a descubrir su rostro en todo lo que nos rodea. Él está en nuestros padres y nuestros hermanos; en los amigos, en los necesitados e incluso en la tarea de cada día. Pero a lo largo de la semana tenemos la oportunidad de vivir un encuentro más profundo en la Eucaristía.

En el Evangelio de hoy, contemplamos el pasaje de la cananea, una mujer no israelita, que tenía una hija muy enferma. Oye hablar de Jesús y no duda en acudir a él. Lo ve en el camino y le grita: "¡Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David!" Pero Él no le respondió nada.

En primer término observamos la actitud de la mujer. Con humildad, no pide nada; sólo le muestra su situación y se mantiene a la espera. Pero Jesús parece hacer caso omiso y seguir andando. ¿Por qué este silencio del Señor?

En ocasiones, cuando rezamos y pedimos a Dios por nuestras necesidades, tenemos la tentación de sentirnos desamparados ante el silencio, como si nadie nos escuchara. Pero en medio de ese silencio sepulcral, Dios siempre tiene abierto su corazón y escucha todas y cada una de nuestras plegarias.

Ante ese silencio, la mujer manifiesta su fe con la insistencia. Vuelve y se pone de rodillas, adorando al Señor. Humildad y perseverancia. No se enfada con Jesús, no lo desprecia. Al contrario: se arrodilla y espera. Demuestra una confianza absoluta, cosa que muchas veces nos falta a nosotros. Los tiempos de Dios son distintos a los nuestros, y siempre va a querer lo mejor para nosotros en el momento más oportuno.

Creo, con Saint Exupery, que el hombre nunca es tan grande como cuando se arrodilla ante Dios.  Tomemos ejemplo de la cananea y confiemos en Él. Pongamos nuestra oración en sus manos y esperemos con confianza, igual que la Virgen María: "Hagase en mí, según tu palabra" Que sea Ella la que nos guíe en el camino y nos llene de Esperanza.

domingo, 8 de junio de 2014

Pensamiento de San Agustín XII

Del Espíritu Santo



"Por eso, según nuestra capacidad, y en cuanto se nos permite ver estas cosas por espejo y en enigma, especialmente a unos hombres como nosotros, se nos presenta en el Padre el origen, en el Hijo la natividad, en el Espíritu Santo del Padre y del Hijo la comunidad, y en los tres la igualdad. Así, lo que es común al Padre y al Hijo, quisieron que estableciera la comunión entre nosotros y con ellos; por ese don nos recogen en uno, pues ambos tienen ese uno, esto es, el Espíritu Santo, Dios y don de Dios. Mediante Él nos reconciliamos con la divinidad y gozamos de ella. ¿De qué nos serviría conocer algún bien si no lo amásemos? Así como entendemos mediante la verdad, amamos mediante la caridad, para conocer más perfectamente y gozar felices de lo conocido. Y la caridad se ha difundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que se nos ha dado" (Sermón 71,18)

Solemnidad de Pentecostés

En la Solemnidad de Pentecostés celebramos la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles reunidos en Jerusalén. Pidamos al Señor que nos envíe su Espíritu y nos dé fuerzas para ser verdaderos testigos suyos y poner nuestra vida al servicio del Evangelio.


¡Ven, Espíritu Divino!
(Secuencia de Pentecostés)

Ven, Espíritu Divino
manda tu luz desde el cielo. 
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse 
y danos tu gozo eterno. Amén.




jueves, 15 de mayo de 2014

En proximidad a las elecciones al Parlamento Europeo

Dada la cercanía de las elecciones al Parlamento Europeo convocadas para el próximo domingo 25 de mayo, es aconsejable releer el discurso de Juan Pablo II en el acto europeo de Santiago de Compostela de 1982. 

" Por esto, yo, Juan Pablo, hijo de la nación polaca que se ha considerado siempre europea, por sus orígenes, tradiciones, cultura y relaciones vitales; eslava entre los latinos y latina entre los eslavos; Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las. otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tus conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo. Los demás continentes te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: «lo puedo».
Si Europa es una, y puede serlo con el debido respeto a todas sus diferencias, incluidas las de los diversos sistemas políticos; si Europa vuelve a pensar en la vida social, con el vigor que tienen algunas afirmaciones de principio como las contenidas en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, en la Declaración europea de los Derechos del Hombre, en el Acta final de la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa; sí Europa vuelve a actuar, en la vida específicamente religiosa, con el debido conocimiento y respeto a Dios, en el que se basa todo el derecho y toda la justicia; si Europa abre nuevamente las puertas a Cristo y no tiene miedo de abrir a su poder salvífico los confines de los estados, los sistemas económicos y políticos, los vastos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo (Cfr. Insegnamenti di Giovanni Paolo II, I (1978) 35 ss), su futuro no estará dominado por la incertidumbre y el temor, antes bien se abrirá a un nuevo período de vida, tanto interior como exterior, benéfico y determinante para el mundo, amenazado constantemente por las nubes de la guerra y por un posible ciclón de holocausto atómico."

Aquí puedes leer el discurso completo 

miércoles, 14 de mayo de 2014

Pensamiento de San Agustín XI

“Cuando se acerca la solemnidad de la Pascua, que, al repetirse todos los años, estimula nuestras mentes, renovando en ellas el saludable recuerdo de que nuestro Señor, el hijo único de Dios, nos otorgó su misericordia… El creador es creado, el señor sirve, el redentor es vendido, quien exalta es humillado, quien resucita muere: ¿hay mayor misericordia?”

(Sermón 207, 1).

domingo, 11 de mayo de 2014

Ante el misterio de la muerte...

Durante este fin de semana todos los medios de comunicación se han hecho eco del terrible accidente ocurrido en Extremadura, en el que han fallecido un adulto y cinco jóvenes de entre 12 y 15 años. Al escuchar el telediario seguro que todos hemos sentido un pellizco en el corazón al ver a esos padres, familiares y amigos sufriendo desconsolados. ¿Por qué Señor permites estos sufrimientos? Es la gran pregunta a la que nunca encontramos respuesta. 
En estos días tan tristes de nada sirve decir la típica frase de "los caminos del Señor son..." Lo único que podemos hacer es abrir nuestro corazón al Padre y rezar mucho. Orar por los padres y los hermanos de estos chicos. Por sus familias, por sus amigos... Rezar muchísimo para que el Señor les de fuerzas, consuelo, esperanza... Y oremos también por los fallecidos para que estén ya viviendo el abrazo eterno de Jesús. 

Virgen María, tú mejor que nadie sabes lo que es perder a un hijo. Abraza fuerte a esas madres y esos padres; a sus hermanos, amigos... Están sufriendo muchísimo. Dales luz, fuerzas; seca sus lágrimas y que el recuerdo vivo del regalo de sus vidas llenen siempre sus corazones. 

Con cariño, hagamos llegar hasta esas familias el generoso abrazo de nuestras oraciones. 

IV Domingo de Pascua

"Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia."

El Evangelio de este IV Domingo de Pascua nos presenta a Cristo como el buen pastor que cuida de sus ovejas. El Señor nos conoce siempre por nuestro nombre, nos busca y nos encuentra. Es Él quien siempre lleva la iniciativa. Así lo hizo con Noe, Moisés, Samuel y con los apóstoles. "Venid y os haré pescadores de hombres" El Señor no deja de buscarnos y está siempre dispuesto a dejar a las noventa y nueve ovejas con tal de encontrar a la que se ha perdido. ¿Te dejas encontrar por Jesús, o te escondes y no sales a su encuentro?
Cristo también es la puerta de la salvación. "El que entra por mí se salvará" El Señor es el camino para llegar al cielo. No hay otro, aunque a veces nos empeñemos en tomar atajos o senderos errados. 


También celebramos la Jornada Mundial de oración por las vocaciones. No sólo la Iglesia, sino el mundo entero, necesita de buenos sacerdotes que guíen a su rebaño por el camino de la santidad. Tal y como decía el Papa Francisco, necesitamos de buenos pastores con olor a oveja; y para ello es fundamental rezar al Señor para que todos aquellos que sientan su llamada, respondan con generosidad y entrega. 

Por tanto, tres ideas fundamentales: El Señor es el buen pastor, que busca y encuentra a sus ovejas, llamándolas por su nombre y conociendo a todas y cada una de ellas. Él es la puerta y el camino que lleva a la salvación. "Yo he venido para que tengas vida, y la tengas en abundancia". Y finalmente, no nos olvidemos de pedir al Señor buenos y santos sacerdotes que guíen a su pueblo por la autopista de la santidad. 

Feliz Domingo a todos.